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MENTIRSE - un relato incierto

 


MENTIRSE 

Buenos Aires.  Año 2003.

Mentirse es esconder en lo más profundo del alma lo que no se quiere aceptar.  Me engaño.  Me soy descaradamente infiel.  El mundo se derrumba a mi alrededor si intento revertirlo, si pretendo destruir el pequeño cuento en el que vivo, mi propia creación es a la vez mi única condena. 

Llega la noche y sacudo el polvo de la realidad que me rodea para regocijarme con lo que podría ser, con lo que nunca será.  Vamos a casa que ya es tarde, te digo y te pido que dejes lo que estás haciendo, que olvides lo que estás pensando que no tengas miedo y que asumas que esta no es la realidad, que esta no es la vida, es solo una pesadilla más, somos solamente eso, actores de una pesadilla eterna.  Solo amando profundamente se puede despertar y regresar al origen.  Volvamos a casa que ya es tarde, te repito pero no me escuchas, ¿no ves que ya no aguanto?, ¿no ves que ya me asfixia lo que veo?.  Quiero caer en un sueño profundo, porque solo cuando sueño puedo recrearte en mi mente.

El viento del Correo Central secó la humedad de mis ojos poco antes de ponerme en evidencia en plena calle Corrientes.

Mis cuarenta minutos de alivio llegarán cuando pueda sentarme en el colectivo, poner la cabeza contra la ventanilla y dormir.  La marquesina iluminada del Luna Park anuncia la llegada de espectáculos populares, intento no pensarte pero ahí estás, te veo disfrutando una noche diferente, un momento distinto.  El freno de aire del micro abortó la escena de mi mente.  

Buenas noches, uno setenta y cinco por favor - le digo al chofer, abono con cambio, elijo mi lugar preferido, mitad de pasillo, ventanilla, reclino mi asiento y doy una última mirada al Luna y otra vez vos ahí interponiéndote. 

Me consuelo pensando que tal vez mañana martes sea diferente, tal vez abra mi correo temprano y estés ahí, tal vez otra canción con un mensaje encriptado me llegue por correo electrónico y me saque de la rutina, tal vez vos, tal vez yo, tal vez la vida sea diferente mañana.

Pero no va a ser así, los días se van a suceder atrozmente iguales, los momentos seguirán estando atados los límites y escasos como siempre. 

La frustración que me invade llega a su punto álgido cuando la reconozco, cuando asumo que es esta incertidumbre que me quema la que me mantiene en pie.

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